jueves, 2 de abril de 2009

La vida en el Kelb

Victor tuvo una pesadilla y la escribió para no olvidarla
En un desierto de agua se econtraba y las alas que la mantaraya blandía como espadas, eran solo la reminiscencia de tiempos anteriores.
Corales blandos recogían los restos y todo el suelo del mar florecía.
En éste bello escenario el maestro del disfraz lo esperaba con cautela, el pulpo rojo lo observaba a lo lejos.
Entonces despertó, amanecía y era tiempo de regresar a aguas más profundas. 

1 comentario:

como si fueran dos planetas perdidos dijo...

Guey, a huevo. Estas cabrón, escribes tus poemas como nadie. Un beso.

Dala.